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Castro de Baroña y seis sitios que no hay que perderse en Porto do Son

Es uno de los asentamientos castreños mejor conservados de Galicia


Porto do Son está en la costa sur de la provincia de A Coruña, es un pueblo marinero con muchísimas cosas que ver y del que os vamos a dar algunas sugerencias. El primer lugar a visitar es uno de los asentamientos mejor conservados de Galicia, el castro de Baroña, descubierto en 1933. Data de los siglos I AC a I DC y está situado en un promontorio rocoso, muy afectado por la erosión marina, con dos sistemas de defensa: un foso y un doble muro a modo de muralla.

Tras atravesar la puerta de entrada en la que se distingue una torre, se llega a las dos zonas que lo constituyen, en ambas se observan una treintena de construcciones circulares u ovales, unas eran viviendas y otras talleres, que nos permiten imaginar la vida de sus habitantes a orillas del Atlántico. Al segundo sector se accede a través de unas escaleras, que son las que mejor estado presentan de todos los castros gallegos. En esa parte más alta continúan el mismo tipo de construcciones habituales en los poblados castreños. Mirando hacia el sur se ve cómo se despliega la playa de Arealonga.

El de Baroña es un paradigma de los castros marítimos y desde luego un lugar que el visitante de esta comarca no debe pasar por alto. Se encuentra a escasos kilómetros de Porto do Son en dirección sur, por la carretera AC-550 hacia Ribeira.

Y es ese mismo camino el que seguimos para encontrar pasado el kilómetro 97 en Caamaño, el Puente Viejo de Xuño («A Ponte Vella», en gallego), un curiosísimo puente que algunos atribuyen a la época romana como parte del la Vía XX o Vía per loca maritima; otros historiadores lo fijan en la Edad Media, y no faltan quienes le atribuyen carácter medieval pero levantado sobre un precedente romano.

Bajo su único arco de 6 metros de longitud, 2,5 de ancho y 3 de alto, pasan las aguas del río Sieira, ya próximo a su desembocadura. Sea cual sea su origen, vale la pena encontrarse con tan peculiar construcción.

Muy cerca de este lugar, siempre por la AC-550 dirección sur, llegamos a la playa das Furnas, escenario de la película Mar adentro de Alejandro Amenábar, un arenal predilecto de los surfistas y en el que hay unos acantilados que crean una especie de piscinas naturales en las que bañarse con total tranquilidad. Se puede pasear y tomar el sol sobre las rocas admirando de un lado las revueltas aguas atlánticas y del otro las más tranquilas y de tonos turquesa o verdoso. Sin embargo, hay que tener precaución y evitar la tentación de lanzarse desde lo alto al agua, puede resultar muy peligroso.

De esta playa arranca una pasarela que permite un precioso paseo a nuestro siguiente destino, las lagunas de Xuño y San Pedro de Muro, incluidas en el Complejo Húmedo de Corrubedo, de gran importancia por su sistema de dunas y por la flora y fauna que acoge.

Se accede igualmente en coche en pocos minutos de viaje. Hay que dejar el vehículo al comienzo de una ruta de senderismo que se bifurca y que es también un recorrido idóneo para hacer en bicicleta. Una senda conduce a la laguna de Muro, hacia el sur, donde podemos subirnos a una torre de observación para intentar ver el vuelo de las aves. Volviendo hacia atrás se toma la vía que lleva en dirección norte a la laguna de Xuño, igualmente con su puesto de observación y separada de la playa por las dunas.

Ambas forman parte de la Red Natura y, por lo tanto, calificadas como áreas protegidas. Son dos lugares que no precisan de palabras para describirlos; hay que visitarlos.

De vuelta al núcleo de Porto do Son, tomamos a la entrada del pueblo una carretera con unas espectaculares vistas, que nos conduce a la cascada de Ribasieira. Son unos 10 kilómetros de viaje en coche y después unos 20 minutos a pie por un camino pedregoso hasta alcanzar el lugar donde se inicia la caída del río Sieira. Allí se formaron un par de piscinas naturales que siempre hay quien aprovecha para darse un baño en los meses más calurosos, puesto que se disfruta de cierto frescor, imposible de encontrar en las playas.

Algo más abajo la ruta se divide para llegar hasta un mirador desde donde observar la caída del río al completo.

De vuelta a Porto do Son hay que desviarse a la derecha para alcanzar la cima del monte Enxa, donde nos encontraremos con caballos salvajes y se levanta un Centro de Salvamento Marítimo. Las vistas desde sus 539 metros de altitud son excepcionales. De un lado la media montaña y del otro el Atlántico y la ría de Muros-Noia. Una placa indica al visitante cuáles son las poblaciones que tiene al frente. En días despejados se alcanza a ver perfectamente hasta Finisterre, que se muestra como un saliente tras el omnipresente Monte Louro.

Estas han sido nuestras sugerencias si visitáis Porto do Son, un lugar en el que abundan petroglifos y todo tipo de monumentos, además de contar con excelentes playas y ser un privilegiado balcón al Atlántico.


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