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Ruta de los Molinos de Ponte do Porto

Muy cerca se encuentra el pazo Torres de Cereixo, construcción del siglo XV de aspecto militar


Antes de llegar a nuestro destino, Ponte do Porto, en Camariñas, haremos un alto en la población vecina de Cereixo, perteneciente al ayuntamiento de Vimianzo. Vale la pena detenerse para observar de cerca las torres de Cereixo y el árbol centenario que preside una pequeña plaza frente al edificio.

El pazo es bien de interés cultural y de propiedad privada. Ocupa una superficie de 4.480 metros cuadrados, fue edificado a principios del siglo XV y las últimas reformas son del siglo XVII. En sus muros hay escudos nobiliarios de las más conocidas familias gallegas del medievo, y lo más característico es su aspecto de fortificación militar, con un par de torres unidas por el cuerpo central. Actualmente está en venta por 1 millón y medio de euros.

Junto a las torres está la iglesia de Santiago de Cereixo, de estilo románico y de los siglos XII y XIII. Posiblemente era parada de los peregrinos que llegaban por vía marítima con destino a Santiago de Compostela.

En su portada sur tiene una imagen de la traslación de los restos de Santiago a Galicia, con los siete discípulos en una barca, una representación única en el románico gallego y una de las cuatro existentes en el románico hispánico. Junto a ellos, como mudo testigo de tantos años de historia, se yergue un roble centenario, cuyo diámetro se incrementa cada año en varios centímetros y que precisa de los brazos de varias personas para rodearlo.

A muy poca distancia se encuentra Ponte do Porto, nuestro lugar de destino. La desembocadura del río Porto o río Grande, cuyas aguas pasan bajo el bonito puente de origen medieval, marca el inicio de la ría de Camariñas.

La Ruta de los Molinos (Ruta dos Muiños) parte del área recreativa de Curros, en donde un cartel indica el trayecto y los diferentes molinos. El total del camino es de unos 4 kilómetros y no tiene ninguna dificultad, pudiendo realizarlo tanto adultos como niños.

La ruta está un poco abandonada, de hecho no pudimos hacer los dos primeros tramos, ya que el primero estaba impracticable y el segundo cortado por una cancela, así que tuvimos que salir a la carretera de entrada al pueblo y volver a descender por otra vía. Al principio del trayecto hay unas marcas blancas y amarillas que indican al caminante que va en la dirección correcta. Continuamente nos desplazamos a orillas del río Grande, que es muy frecuentado por pescadores. Tiene su nacimiento en el monte de Meda y es, precisamente, en Ponte do Porto donde empieza a formar la ría de Camariñas, como comentamos anteriormente.

La llegada a uno de los molinos, el de Cota, rompe la monotonía del paseo. Nos encontramos con un edificio en aceptables condiciones. Los molinos de esta zona funcionaban en base a distintos regímenes de propiedad. Algunos eran privados; otros comunitarios, para los que se establecían turnos; otros son los llamados de maquila, cuyos propietarios cobraban una maquila o tasa por el uso del molino, o de carácter industrial, que son los más grandes y con vivienda. Hay molinos que están muy deteriorados, pero en otros aún se puede acceder al interior y ver de cerca las piedras que usaban.

Visto uno de los molinos retomamos la marcha para continuar disfrutando del paseo a orillas del río Grande, en el que de vez en cuando encontramos pequeños rápidos y saltos de agua e imaginamos que en estas rocas tendrán su puesto de observación los pescadores de este coto de segunda categoría donde vienen a procurarse reos y truchas.

Más adelante nos topamos con el puente que cruza hacia una pequeña área recreativa. Situándonos en el centro del tablero tendremos un lugar privilegiado para ver el discurrir de las aguas que procedentes de la sierra de Meda se encaminan rumbo al mar.

Como es habitual cuando se pasea a las orillas de los ríos, el entorno transmite una sensación de frescor que resulta muy agradable en los meses más calurosos del año. Allí nos acercamos a otra de las estructuras a las que está dedicada esta ruta, aunque se observa bastante deteriorada. Son los restos del llamado molino de abajo. La puerta de entrada se encuentra a pocos metros de la citada área recreativa, un buen lugar para descansar a la sombra de la caminata. Desde la orilla de enfrente se puede apreciar la salida de agua por las bocas existentes en la parte inferior del edificio.

Además de los molinos que aún pueden verse, esta ruta ofrece muchísima vegetación, destacando los grandes helechos que crecen cerca del agua, así como los eucaliptos y acebos y otras especies propias de las riberas gallegas. Continuando río arriba este se vuelve más tranquilo y silencioso. En todo caso la ruta es un paseo muy agradable por esta parroquia que linda con la llamada Costa de la Muerte.


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